Sigo sin saber.
Un fin de semana atípico pero lleno de tópicos hasta tal punto de crear escuela. Lluvia escalando las horas, haciendo que olvidemos los límites exactos que propone el hombre: del fin del fin de semana al comienzo de un nuevo lunes. Y un atraco presagiado, me robaron las dos y media de la madrugada, me dice. Y saltamos sobre el sofá, lágrimas con el fin de película de una de las cuatro. Fotos en blanco y negro tomadas hace un par de semanas. Una partida o dos o quince en una bolera que cabe en el salón. L’apéritif y algo de París en un par de días fundidos como el queso, indefinibles como una lluvia indeleble, grises pero tan cándidos como un paseo de la mano de Mary Poppins. Al fin. Nous sommes les trois mousquetaires, tu sais.
Esta mañana, de vuelta a la vida adulta, me abrigaba del aire y del tráfico sucio con la reinterpretación de mi gabardina Bogart, tan rosa como llevar la primavera a cuestas. Mientras, de vuelta a la vida adulta, en plena lluvia tímida, me doy cuenta de que vuelvo a tararearla sin darme cuenta.
Mientras, sigo sin saber.
Un fin de semana atípico pero lleno de tópicos hasta tal punto de crear escuela. Lluvia escalando las horas, haciendo que olvidemos los límites exactos que propone el hombre: del fin del fin de semana al comienzo de un nuevo lunes. Y un atraco presagiado, me robaron las dos y media de la madrugada, me dice. Y saltamos sobre el sofá, lágrimas con el fin de película de una de las cuatro. Fotos en blanco y negro tomadas hace un par de semanas. Una partida o dos o quince en una bolera que cabe en el salón. L’apéritif y algo de París en un par de días fundidos como el queso, indefinibles como una lluvia indeleble, grises pero tan cándidos como un paseo de la mano de Mary Poppins. Al fin. Nous sommes les trois mousquetaires, tu sais.
Esta mañana, de vuelta a la vida adulta, me abrigaba del aire y del tráfico sucio con la reinterpretación de mi gabardina Bogart, tan rosa como llevar la primavera a cuestas. Mientras, de vuelta a la vida adulta, en plena lluvia tímida, me doy cuenta de que vuelvo a tararearla sin darme cuenta.
Mientras, sigo sin saber.
2 commentaires:
Qué poética te veo...como se nota que estamos en cosmopoética, jeje.
Besos.
Un post realmente conmovedor, tintado de dramatismos hasta el tuétano. Nada más dramático que una tarde o noche de domingo; Nada más dramático que un lunes más lunes que otros lunes por ser tan desconocido como el futuro mismo;nada más dramático que no saber aquello que ya diciernes pero que todavía no has comprobado; dramático como la realidad misma que en cada detalle te conmueve y te abduce en un tiempo ignoto y sin posibilidad de saber más.
Un beso.
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